Por El Niño, la producción agrícola podría bajar un 20%

Ya tuvimos un adelanto en agosto: precipitaciones extremas e inundaciones. Es que estamos en pleno fenómeno de El Niño que, afirman, vino adelantado y con características severas que se potencian con el cambio climático. Lo aseguran especialistas de organismos privados y estatales, nacionales e internacionales, universidades, bolsas de cereales e institutos que estudian el clima.
El Niño y La Niña son dos partes opuestas de un fenómeno climático vinculado a las temperaturas del océano Pacífico conocido como la Oscilación del Sur. El Niño es la etapa cálida del ciclo e implica lluvias abundantes en Sudamérica (alternando alguna semana de sequía). ¿Y por qué ese nombre? Por el Niño Jesús, ya que suele aparecer en diciembre, en Navidad. Como contrapartida, La Niña siempre trae clima seco y frío. El Niño suele darse cada 4 o 5 años, pero también se presentó cada 2, es bastante variable, dura más o menos 1 año y, en general, ocasiona múltiples pérdidas. “En 1997/98, produjo daños globales por US$25.000 millones y en 1982-1983 pérdidas por más de US$8.000 millones”, según el Centro de Predicción Climática del Servicio Nacional de Meteorología de EE.UU.
La media de las pérdidas para el agro de un país en un año Niño severo va “entre 15 y 20% del volumen de sus cosechas”, según la FAO. Si consideramos que la cosecha argentina vale unos US$30.000 millones, según privados, en un panorama extremo estaríamos en un hipotético monto de US$6.000 millones menos (entre caída del volúmen, pérdida de calidad, aumento de costos, etc.). La baja en retenciones, que rondarían los US$8.000 millones, sería de US$1.600 millones. América Central acaba de perder casi el 80% de sus cosechas, según la FAO.
“En 2011 (con otro Niño) hubo 11 millones de hectáreas inundadas en la Cuenca del Salado, lo que dejó las napas altas. Ahora se junta el cambio climático con la alta vulnerabilidad que genera el crecimiento irracional y con un año Niño; tenemos todos los ingredientes para una tragedia”, afirmó Eduardo Sierra, especialista en Agroclimatología y catedrático de la UBA. Hasta Greenpeace saltó con una campaña (a la que adhirieron más de 100 organizaciones): la urgente aprobación de una ley de humedales para disminuir las inundaciones.
Si algo genera El Niño sobre los cultivos es una fuerte presión de malezas, plagas y enfermedades, debido al exceso de humedad. “El campo destina al año unos US$1.300 millones a combatir las malezas. Y, si la infestación llegara al 90% de la superficie sembrada con soja, por ejemplo, se perderían 17 millones de toneladas por un valor de US$8.000 millones al año en facturación. A su vez, se perderían ingresos fiscales en retenciones por US$2.500 millones”, según un estudio realizado por docentes del Programa de Agronegocios de la FAUBA. El fenómeno, además, viene recargado: esta semana, la US National Oceanographic and Atmospheric Administration (NOAA) y el UK Met Office dijeron que El Niño será el más fuerte conocido desde que se empezara con su medición en 1950. Y, de acuerdo a la ONU, Argentina enfrentará, además, pequeños y medianos fenómenos hídricos, con pérdidas en las zonas urbanas y rurales.
Según el INTA, las Bolsas de Cereales de Rosario y Buenos Aires, la UBA y analistas privados, para los agricultores argentinos puede ser un año de pérdida. Para los cultivos de fina (aquellos invernales que se siembran de mayo/julio y se cosechan en noviembre/enero: trigo, cebada, centeno, avena, lentejas, colza, etc.), esta coyuntura puede resultar muy problemática, ya que un invierno cálido y húmedo favorece la aparición de problemas por enfermedades. Y para la cosecha gruesa (la de mayor importancia en el país, que comienza a sembrarse en septiembre y termina en enero según el cultivo: agrupa a la soja, maiz, sorgo y girasol como principales cultivos), puede representar un año muy perturbado, pero con la posibilidad de tener grandes volúmenes de producción. “También se verá atrasada la siembra, se dificultarán y crecerán los costos de las aplicaciones de fungicidas y herbicidas, y se complicará la cosecha, con secado de granos y habrá problemas de transporte y almacenaje”, enumeró Sierra.
Según José Luis Aiello, director científico de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario, “la situación es muy delicada, por eso hay que estar preparados para estos fenómenos, porque serán recurrentes en el futuro: el cambio climático está impactando en Argentina”. En un informe, agregó: “El Niño es una buena noticia para los cultivos de verano. En Argentina el evento es favorable a un incremento en las lluvias que se dan de noviembre a marzo, pero hay que tener en cuenta los fenómenos regionales de escalas más chicas de corta duración, que no son pronosticables y son afectados por el cambio climático y pueden incrementar o fortalecer los impactos de El Niño”.
Según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, “habrá períodos de intensas lluvias, tormentas y granizos, alternados por entre dos y cinco semanas de sequía. Este es el efecto que tendrá en nuestra zona y en una gran parte de nuestro país durante los próximos 12 meses”.
Ya tuvimos algunos adelantos de los berrinches de El Niño en este invierno que finaliza. Por ejemplo, las nevadas recientes en Miramar y Sierra de los Padres a 400 km de CABA y las inundaciones en agosto.
Esto encendió todas las alarmas en la provincia de Buenos Aires y el martes pasado 100 funcionarios de distintos municipios, agentes de defensa civil y técnicos se reunieron para avanzar en políticas conjuntas referidas a la prevención y respuesta a los efectos ocasionados por El Niño.
“Después de que el trigo cayó en 50% su área sembrada en los últimos 10 años, ahora podría perder 600.000 hectáreas implantadas en la Depresión del Salado, el norte de la provincia de Buenos Aires y el sur de Santa Fe, por los anegamientos. Las lluvias cayeron en las primeras etapas de ciclo del cultivo y podrían continuar hacia el momento previo a floración, cuando el cereal es más sensible”, afirmó Daniel Miralles, investigador de la FAUBA. Dijo que existen 4 millones de hectáreas afectadas por las inundaciones de agosto.
En la Bolsa de Cereales de Buenos Aires sostienen que “al ser un episodio temprano, es probable que la primavera observe el pico de acción del fenómeno, mientras que el verano sería algo menos intenso”. Habrá intensas tormentas, con vientos, aguaceros torrenciales y posibles granizadas, pudiéndose acentuar los anegamientos en la Cuenca del Salado y volver a provocar inundaciones urbanas. También habrá heladas tardías en toda el área agrícola. El verano 2015 continuará con este fenómeno climático extremo y empezará a disiparse en el otoño del 2016.

Impacto local
¿Como pegará en la Argentina? Según Eduardo Sierra, así:
-Actividad ganadera: “Buena disponibilidad de forraje, pero problemas sanitarios y de piso, causados por los excesos hídricos que se esperan. Habrá lapsos prolongados de fuertes calores y alta humedad atmosférica, que estresarán al ganado, perjudicando especialmente a la producción lechera. La posible crecida de los grandes ríos pondrá en peligro la veraneada en la zona de islas. Los descensos térmicos tardíos provocarán un fuerte estrés a los animales que se encuentran en zonas bajas, anegadas o encharcadas”, dijo.
-Cultivos invernales: “El trigo y los demás cereales de invierno, como la colza, sufrirán problemas por los excesos de temperatura y humedad. Si bien se producirán entradas de aire polar, se intercalarán lapsos cálidos que harán perder la mayor parte del frío acumulado, haciendo que este requerimiento bioclimático no logre satisfacerse adecuadamente. La etapa reproductiva de fines de invierno y comienzos de primavera se caracterizará por la alta incidencia de enfermedades debido a los excesos de temperatura y humedad, y por la posible ocurrencia de tormentas graniceras. Por su susceptibilidad a las enfermedades, el girasol sufrirá problemas parecidos”, manifestó.
-Cultivos estivales: “El maíz y la soja responderán bien a las condiciones de calor y humedad, pero debe preverse una fuerte presión de malezas, plagas y enfermedades. También habrá riesgo de granizo y las cuencas de los ríos de llanura, como el Salado (provincia de Buenos Aires) y su homónimo de Santa Fe, sufrirán inundaciones debido a fuertes lluvias locales”, sostuvo. “En general, cosechas, acondicionamientos, almacenajes y transportes también se complicarán por las fuertes lluvias”, concluyó Sierra.

Todos dicen que vino recargado

José Ignacio López Amorin, meteorólogo del SMN: “De los 18 Niños de los que se tiene registro desde 1960, éste se asemeja al del período 97/98 que fue el más fuerte de todos”.
Pablo Mercuri, director del Centro de Investigaciones de Recursos Naturales del INTA: “Hasta diciembre (Ver infografía), la probabilidad de que las lluvias superen los promedios históricos se mantendrá alta y comenzará a decrecer en enero”.
Pablo Bressa, asesor CREA: “La perspectiva para la cosecha fina es de regular a mala”.
Anthony Deane., climatólogo de Weather Wise Argentina: “Es el fenómeno Niño más potente de los últimos cien años”.
Mike Halpert, del Centro de Pronósticos Climáticos de EE.UU.: “Puede ser de los más fuertes desde que comenzaron los registros, en 1950.”

Fuente: Clarín 20.09

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