SU DINERO PERSONAL: La vaca gorda

Para responder a esta consulta, contactamos a Santiago Doval, presidente de la Cámara de Feedlot, y al ingeniero Aníbal Pordomingo, investigador del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

Existen distintos modelos de negocio para invertir en feedlot. Por un lado, comprar las instalaciones necesarias para el corral, producir granos (que será el alimento del animal) y dedicarse plenamente a su cría y engorde.

Pero lo más fácil para un inversor nuevo es lo que se conoce como hotelería en feedlot, que permite que cualquier inversor tenga su hacienda sin necesidad de ser propietario de un campo, ya que se terceriza el servicio. Básicamente, se trata del engorde de ganado en corrales, y lo que el inversor paga como si fuera una cuota es el alimento que consumen sus animales (una dieta energética compuesta 80 por ciento por granos), la sanidad y la estadía.

Hoy, apostar la renta del feedlot tiene cierto nivel de riesgo, ya que si bien en el mercado se trabaja en pesos, es un negocio sumamente ligado al dólar debido al costo de alimentos (maíz, soja, girasol, etc.) que varían según esta moneda.

Doval explicó que el engorde de ganado está orientado a un inversor muy específico, que maneja el rubro y que está dispuesto a esperar varios ciclos para poder ganar. Lo que se obtiene del engorde se vende, en principio, al mercado interno; en tanto, sólo el 5 o 6 por ciento se exporta, y eso “no mueve la aguja”, aseguró. De hecho, en los últimos diez años, dado el extraordinario avance de la soja que le ganó terreno a las vacas, Argentina pasó de ser el tercer exportador del mundo de carne, a convertirse en el número once, detrás de Brasil, Uruguay y Paraguay. A pesar de este panorama, algunos apostaron a que la devaluación de enero, cercana al 20 por ciento, agilizaría el engorde de hacienda para exportación, considerando el menor poder de compra de los consumidores locales, ya que, en ese momento, la carne de novillo se encareció en carnicerías y supermercados entre un 20 y 30 por ciento. Ahora, los precios siguen en altos y a la espera del cierre de muchas paritarias.

En cuanto a la inversión inicial, lo mínimo que se necesita para llenar un corral son aproximadamente 200 cabezas. Se calcula que en una jaula de invernada entran unos 130 terneros, que cuestan, como poco, 3 mil pesos cada uno; a lo que hay que sumarle 10 por ciento de IVA y 5 por ciento de otros gastos comerciales, comisiones y transporte. De esta manera, 500 mil pesos es lo que se requiere para empezar la actividad.

Al miércoles 30 de abril, una cabeza de ganado flaco se compraba a 16.50 pesos por kilo (hoy un animal entra aproximadamente con 180 kilos). En tanto, la venta del ejemplar ya con 300 kilos, es decir 120 más, se realizaba a 17.50 pesos. Restados los gastos de producción, se obtenía en esa fecha una ganancia de dos pesos por kilo, lo que representa un total de 240 pesos por cabeza y 48 mil pesos por las 200, en el total de cuatro meses que demora el engorde.

Pordomingo asegura que para que se diluyan los costos fijos mínimos y obtener una ganancia es probable que no alcance con 200 cabezas, sino que hay que invertir por lo menos en el doble o triple.

En cuanto al ciclo productivo, explicó que los animales pasan de tres a cuatro meses en un corral, hasta que llegan a un estado de engrasamiento suficiente. Sostuvo además, que el negocio está en comprar a un precio accesible el kilo de ganado flaco, ya que una vez engordado, será mucho mayor. Su costo varía semana a semana, por lo que hay que darle en el blanco en el momento en que conviene vender. Como ejemplo, un animal entra aproximadamente con 180 kilos y se vende con 300, lo cual se resume en un engorde de 120 kilos en 4 meses.

Ambos especialistas coincidieron en que invertir en feedlot es hoy un negocio de mediano a largo plazo, y que no es para entrar y salir rápido, como otras opciones de inversión.

Otra posibilidad que existe para los interesados en engorde de ganado es mezclar en el corral los animales propios con los de otro productor. Lo negativo de esto es que el costo productivo igual se reparte, aunque el otro cuente con un animal más eficiente y de mejor calidad.

A la hora de evaluar los riesgos, hay que tener en cuenta que el negocio es un commodity de alta rotación y bajo margen, e implica una importante inversión. Además, la volatilidad de los precios influye fuertemente. Con una inflación alta como la actual, el mantenimiento del animal y los gastos extras son más difíciles de cubrir que en otras épocas.

A diferencia de otros sectores del agro, como los cereales, que llegan a márgenes muy sustanciosos, en el feedlot no existe un mercado a futuro donde poder estimar los precios un año antes del engorde. Los mercados de futuros revelan expectativas, tanto de la oferta como de la demanda, y eso es un punto a favor para la actividad productiva de otros sectores.

En cuanto a las zonas tradicionales de invernada, el oeste de Buenos Aires, este de La Pampa, sur de Córdoba y sur de Santa Fe son las más elegidas.

Por último, existe detrás de esto un aspecto burocrático que cumplir, por el cual hay que tener un CUIT y sacar un boleto de marca para poder comprar el ganado a nombre de una empresa.

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