Argentina. La cadena láctea busca un lugar entre los ganadores del modelo

11/01/2016

A pocas semanas de haberse puesto en marcha el nuevo programa económico, cada actor va viendo cómo se reacomoda en el nuevo escenario. Aunque las porciones de la torta varíen según escala de producción, distancia de los puertos o rindes de cada zona, productores de granos y ganaderos ya se posicionan en el podio de los vencedores. De allí el optimismo de los sectores industriales vinculados a esas materias primas, como frigoríficos o el complejo agroexportador. Para la lechería, el panorama aún no está tan claro. En este marco, Agroclave dialogó con referentes industriales del sector, para hacer un diagnóstico.

“La devaluación nos beneficia”, dispara Sergio Montiel, gerente de Relaciones y Comunicaciones de Sancor, unas de las firmas nacionales con presencia en el exterior, que es además, junto a La Serenísima, protagonista en un mercado interno altamente concentrado.

El vocero de Sancor evalúa que la leche en polvo puede tener ahora una salida más rápida. En quesos se puede dilatar un poco más, “porque el mercado global está deprimido”. Igual, “la sola posibilidad de un mayor recupero por tonelada exportada, ayuda”, dijo.

El producto que más exporta el sector es la leche en polvo. Que al igual que todas las materias primas, bajó sus precios en los últimos años. De 4 o 5 mil dólares la tonelada, se pasó a menos de 2 mil en muy poco tiempo. Según los analistas, entre las causas influyó el freno en el crecimiento de países en desarrollo y cierta acumulación de stocks, además del propio comportamiento del capital financiero. Otra voz dentro de Sancor, su vicepresidente Walter Martino, señala que la cooperativa llegó al cierre de 2015 con el stock más alto de su historia, “que evaluamos se podrá empezar a evacuar con un dólar cercano a los 14 pesos”, adelantó.

Otra realidad viven las empresas chicas y medianas, que venden en el país más del 90% de su producción. Mariano Viroglio, titular de la Asociación que nuclea a las pymes lácteas de Santa Fe, refiere: “La baja del precio internacional de la leche en polvo, combinada con políticas que no alentaban la exportación, dejó a las empresas grandes con demasiado stock. Como ellos destinaron mayor parte de su producción al mercado interno, nosotros nos encontramos con suba de costos y un alto nivel de oferta. Quedamos trabajando apenas sobre la línea de flotación, o directamente abajo”.

Sin retenciones al maíz, el sector lechero advierte que aunque más adelante pueda llegarse al equilibrio por mejoras en el área sembrada, al encarecer el alimento de los animales, la medida arranca siendo perjudicial, en un contexto en el que ya se venía padeciendo la suba de costos. En esta línea, todos apoyan la continuidad de subsidios al productor, vigentes desde 2015 por un reclamo gremial de la Federación Agraria. También hay coincidencias a la hora de valorar el fin de los ROE y la quita de retenciones. Mientras que las empresas grandes piden además prefinanciación de exportaciones. “Hay que hacer una política que permita exportar todo el excedente. Queremos que el Estado ayude a que no se caigan más productores, A nosotros, nos significa no tener capacidad ociosa”, menciona Martino.

Hoy se producen en Argentina 11.500 millones de litros al año —cifra que no varió sustancialmente en los últimos años— y a nivel interno se consumen 8 mil millones. Para crecer en producción, los industriales consideran que el país cuenta con buen volumen de agua, tierra y buena tecnología. “Pero necesitamos otro ordenamiento bromatológico y productivo, con leyes que reordenen la actividad y que permitirían mejor presencia a nivel global”, apuntan.

Supermercadismo. Evaluando lo que pasó en 2015, productores e industriales coinciden que fue complicado para la lechería, incluso desde el punto de vista climático. A los factores económicos que ya existían, se le sumaron inundaciones en cuencas de Córdoba y Santa Fe y sequía en regiones bonaerenses. Los tamberos, aún con compensaciones que cobraron del Estado —medida que surgió tras un reclamo gremial de Federación Agraria—, no se las vieron de para bienes.

Las pymes terminaron el año comprando a $ 2,60 el litro al productor. “Somos conscientes que con ese precio, el productor prefiere irse a la soja, pero tampoco tenemos más espalda. Tanto el tambero como nosotros somos los eslabones más débiles”, indica Viroglio.

Desde las industrias grandes, culpan a la intermediación y al supermercadismo. Y advierten que cadenas transnacionales con presencia en la Argentina, en Europa marcan en promedio con un veinte por ciento a los productos lácteos, mientras que aquí a algunos productos le marcan más de cien, con un promedio de cincuenta.

Las pymes coinciden con la crítica a las grandes cadenas de supermercados: “Para nosotros, llegar a sus góndolas es casi imposible. Porque nos usan para lo que ellos llaman super ofertas y encima nos ofrecen pagos estirados en el tiempo, que no podemos aguantar. Por eso la comercialización se sigue concentrando y nosotros apostamos a las cadenas regionales, a los mercados chicos. La propuesta de la provincia de Santa Fe del Almacén de Quesos nos ayudó en la línea de generar canales alternativos de comercialización. Ya tenemos seis puntos de venta. Nos está yendo muy bien en Rosario, con el convenio con la Asociación de Empleados de Comercio. La gente de a poco empieza a probar y conocer nuestros productos. Ahora ya hasta te piden por una marca específica, que ya empiezan a identificarla”.

Tras el conflicto de 2008 vinieron años de mucho desencuentro con el sector agropecuario. Pero la llegada del nuevo gobierno puso a los agronegocios como protagonistas del nuevo esquema de acumulación y a su representación gremial e institucional en el centro del ring. De allí que una de las primeras medidas anunciadas por Macri y su equipo económico al asumir, fuera la quita de retenciones. Luego, otra de las fotos fue la convocatoria a tamberos e industria, para buscar soluciones a la “emergencia de la lechería”.

Con medidas para el sector sobre la mesa, habrá que ver de aquí en más si se llega a la anhelada ecuación ganar-ganar, con nuevos mercados externos, mejora del precio al productor y que los incrementos que reclama cada eslabón no se trasladen a las góndolas y al bolsillo del consumidor argentino. Ello dependerá no sólo del comportamiento de los productores, la industria y el resto de la cadena.

Políticas. También será vital lo que haga el Estado, que al menos en estas horas y con la lechería demostró que -a contramano del pensamiento ortodoxo- el rol de la política pública cuando se piensa en el futuro de una actividad productiva, no puede limitarse a dejar al mercado en libertad, para que actúen a su antojo los que ofrecen y los que demandan.

Los distintos actores. Sancor, que a nivel provincial cuenta con actividad fabril en San Guillermo, Sunchales y Centeno, tiene en el país 15 plantas industriales, ocupa 4.700 empleados más algunos empleados eventuales. Su Gerente de Comunicaciones traza un balance del proceso de inversiones de los últimos tres años: “Inauguramos una planta nueva en Chivilcoy, para leche UAT que viene en cajita con tapa a rosca, que nos costó ocho millones de dólares. En Arenaza, provincia de Buenos Aires, por cuatro millones de dólares, abrimos una línea de producción de yogures en botella de cartón y también de flan horneado casero. También hicimos muchos finales de línea, para automatizar procesos. Se inauguraron depósitos logísticos, con alto nivel de tecnificación, en Sunchales para leche infantil, con mucha robotización. Otro depósito en la planta de Córdoba, para yogures, flanes y postres. En Bahía Blanca, algo también. Y de la ciudad de Santa Fe nos mudamos a Desvío Arijón, con una planta de logística. Estos últimos depósitos, contaron con créditos por cuarenta millones de pesos del Bice”.

Viroglio, titular de Apymil, muestra otra realidad: “Representamos unas 120 empresas en la provincia, con unos 2.500 empleados en total. Nosotros hacemos rotación rápida de los productos. Ante un escenario de mucho stock, además de la leche en polvo, una alternativa podría haber sido pasar a quesos de línea dura, sostener nuevas líneas de producción con ciclos financieros más largos, pero eso no es posible hacerlo tan rápido. No tenemos espalda económica”.
http://www.lacapital.com.ar

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